10 de agosto de 2014

La Tierra Prometida


Arcanos Judíos

La mejor forma de conocer a un pueblo es sondear en su historia y mejor aún si buceamos en su pensamiento a través de la historia. Los judíos siempre llaman nuestra atención, siempre hay algún conflicto con ellos. ¿Por qué son tan raros? Apenas constituyen el 0,02% de la población mundial y son más famosos que nadie.

Hay muchas cosas en ellos que siempre me han resultado misteriosas, incomprensibles, inaccesibles. Como la obsesión de los judíos porque sea su Dios el que les proporcione la tierra donde han de vivir.

Todos los pueblos de la historia se han ganado su propia tierra a pulso, con su trabajo, o la han conquistado a cuchillo, ¿por qué los judíos tienen que hacer un pacto con Dios para conseguirla?

Sólo he hallado respuestas lógicas y razonables en los libros: “Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años” de Jared Diamond (un biólogo que se mete a historiador y le da la vuelta a la forma de hacer historia), y “Los Judíos” de Jesús Mosterín (un epistemólogo español al que admiro). A ambos os los recomiendo encarecidamente.

De ellos he podido deducir que hace unos 4.000 añitos más o menos, el pueblo que hoy llamamos judío ya andaba por esa misma zona donde siguen hoy, lo que los historiadores llaman El Creciente Fértil, practicando el nomadeo con sus rebaños de cabras y ovejas. Pero resulta que por aquel entonces ya la mayor parte de la población terráquea practicaba con regular fortuna el cultivo de cereales y otras hierbas. Se habían hecho agricultores y, por consiguiente, sedentarios. Los asentados agricultores construían sus casas de piedra y ladrillo, y no de piel de cabra. Vivían en ciudades y, fraguaron el concepto de propiedad de la tierra. Es completamente lógico que una gente que se pasa la vida trabajando una tierra de sol a sol para lograr unos puñados de grano considere que esa tierra es suya.


A medida que avanza este proceso de sedentarización y posesión de las mejores tierras, las tribus de pastores nómadas se van viendo expulsadas de las tierras más fértiles, que ahora tienen dueño, hacia las tierras baldías y cercanas a los desiertos. Lo que empobrece y dificulta sus vidas de modo cada vez más acuciante.

La población de las ciudades crece muy rápidamente porque la agricultura las proporciona más alimento y por tanto más posibilidades de vida.  Además, la vida en comunidad favorece el desarrollo de artesanos especializados, ceramistas, carpinteros, constructores… Lo que hace nacer un entramado técnico y cultural desconocido para las tribus aisladas. Las ciudades avanzan, los pastores no.  Los agricultores tienen que defenderse de las incursiones de las tribus de pastores que invaden sus cultivos con sus ganados e incluso, a veces, atacan a ciudades pequeñas para hacerse con el grano y sus enseres. Algunas ciudades llegan a construir murallas para su defensa.

Cuando las tribus semitas tienen falta de alimento, o les sobra gente, que viene a ser lo mismo, muchos de ellos van migrando a las ciudades y se asientan en ellas. En principio en Mesopotamia, después en Galilea.

Pero las tribus nómadas rechazan frontalmente la agricultura. Estar con el lomo doblado de sol a sol no les seduce nada. Para ponderar su rechazo basta recordar uno de sus mitos clásicos: la expulsión del Paraíso Terrenal. Yahvé crea a Adán y, como ve que el tío se aburre tan solito, crea a la mujer, y ahora como Adán empieza a meter mano a Eva y ésta, la muy ladina, se calla, pues se cabrea muchísimo y los echa del Paraíso (pura lógica pitagórica). Y en su expulsión, los condena: “Ahora tendréis que ganar el pan con el sudor de vuestra frente” Hay que fijarse que habla de pan y no de leche, carne o frutas (el alimento de los pastores), el pan es el alimento de los agricultores. Así que para este pueblo el paraíso es el pastoreo y la condena es el trabajo de la agricultura. Debido al pecado de Adán, Dios, Yahvé, castiga a los judíos a hacerse agricultores.

Pido disculpas a mis circunspectos lectores por la interpretación folclórica que hago del mito.

Del mismo modo que ellos idealizan la creación del hombre como la creación de un solo hombre, también mitifican el origen de las tribus semitas como la existencia de una sola tribu, la de Abraham, de la que parten posteriormente las famosas 12 tribus, de sus 12 hijos. Estas tribus están formadas por un patriarca, dueño y señor de vidas y haciendas, y un dios que es tan propio de la tribu como su patriarca. Cada tribu tiene su dios. Lo que nos dice que los judíos NO eran en realidad monoteístas, salvo si consideramos a una sola tribu y nos olvidamos de las otras doce. Así cuando Yahvé se aparece a Jacob le dice: “Yo soy Yahvé, el dios de tu padre Abraham, el dios de Isaac…” Esto es, Yahvé tiene que identificarse para que no le confunda con los otros dioses.

Los historiadores fechan entre el 2100 y poco después del 2000 a de C. la época en que se produce el asentamiento casi masivo de las tribus semitas en las ciudades. Por estas épocas la obsesión por haberse quedado sin tierras fértiles debió ser generalizada entre las tribus semitas. Y es por entonces cuando Yahvé se presenta a Abraham y le promete darle tierras donde asentarse, concretamente las de Canaán, a protegerlos y darles mucha descendencia y a cambio Abraham y sus descendientes se comprometen a obedecerle y rendirle culto y ofrecerle sacrificios solo a él, a Yahvé, no a los otros dioses. Y como señal visible de la alianza los judíos tendrían que circuncidarse. De tal modo que los no circuncidados no serían considerados judíos, sino enemigos.

Dicen los historiadores que esto del corte del prepucio, tanto como la clitoritomía, no era nada original ni raro porque era práctica común de las tribus semitas.

Lo verdaderamente original es que el hombre tenga que hacer un pacto con su dios, y que el resultado del pacto sea la entrega de una tierra donde asentarse. Y como creo haber puesto de manifiesto la causa última de este drama es haberse quedado atrás en el normal desarrollo de la civilización humana. Mientras los demás han descubierto y puesto en práctica la agricultura, ellos se han negado a participar del hallazgo y cuando vienen a darse cuenta han sido expulsados a los desiertos y no les queda tierra donde subsistir.

Es lo que les pasa a los pueblos que se quedan atrás en la cultura. Es la actual tragedia de los musulmanes. Y es la tragedia de áfrica.

Manuel Reyes Camacho


23 de mayo de 2014

Empatía europea



Inmersos en plena campaña electoral por el Parlamento Europeo nos vemos con frecuencia sometidos a los vaivenes entre la ilusión y la frustración.

Ilusión porque Europa es ciertamente un proyecto ilusionante, más aún, yo diría que es el mejor y más ambicioso proyecto social que la humanidad tiene entre manos en estos tiempos. Un proyecto que está en línea con la flecha que orienta el sentido de la evolución de las sociedades a lo largo de la historia.

 Ya afirmaba Aristóteles que “el ser humano es político”, esto es, social.” Los seres humanos viven en familias, clanes, grupos y manadas llamadas aldeas, pueblos, ciudades o naciones, y siente necesidad de juntarse con otros semejantes para poder realizarse como tal”. Solo que Aristóteles se paraba en las naciones, máxima organización social posible en su tiempo. Hoy, 15 siglos más tarde, esto está por fin superado y contamos con federaciones de naciones y el futuro, lejano, apunta a la mundialización, que ya se hizo viable desde que la ciencia y la tecnología hicieron posibles las comunicaciones físicas y telemáticas actuales y el tratamiento masivo de información.  La flecha del progreso social es muy clara: familias à tribus à ciudades à naciones à estados federados à unión planetaria. Y que también está en línea con la, recientemente descubierta y aún en estudio, empatía de las sociedades. A nivel personal, empatía es la capacidad cognitiva de percibir, en un contexto común, lo que otro individuo puede sentir. Pero también se produce a nivel colectivo y así cuando una comunidad comprende lo que siente y piensa la otra, dejan las espadas y echan mano de los tratados.

Lo que parece decirnos que en la evolución histórica de las sociedades hay un cimiento biológico: las estructuras y funciones de nuestro cerebro.

Es por esto que resulta incomprensible que en pequeñas regiones como País Vasco o Cataluña (también en Irlanda y otros lugares) aparezcan “iluminati” que han recibido de los Dioses la buena nueva de que la evolución y el bienestar de sus pueblos se lograrán mejor frenando y poniendo la marcha atrás.

Si esto lo unes a la gran cantidad de gente obsesionada con su día a día y a la que no le importa, porque no percibe que cabalgamos, y la no menor cantidad de los miopes desconfiados que solo piensan que esto de la Unión Europea es solo otro truco para llenarse los bolsillos otro puñado de políticos, se podrá entender la tristeza con que alternamos las ilusiones.


Pero en cualquier caso abrigamos la convicción personal de que el proceso de la unión de los pueblos es inevitable. Y que es un problema de sentimientos y de inteligencia, porque solo hace falta que la empatía logre superar definitivamente al odio y a la estupidez humana. Un problema de siglos, pero imparable.


9 de abril de 2014

Mi vuelo Chauchina-London



Hace unas semanas hicimos un viajecito a Londres con unos familiares del que nos quedaron muchos gratos recuerdos, pero también algunos doloridos, y no deseo que esas gotitas de hiel se diluyan en el tintero.

Poder salir del aeropuerto granadino directamente a Londres es toda una gozada, aunque nada más llegar al aeropuerto ya te llevas la primera sorpresita. Tú has comprado unos billetes donde puede leerse: Vuelo Granada-Londres de IBERIA IB7525, pero cuando llegas a la zona de embarque tu vuelo no aparece por ninguna parte. Allí hay uno sospechosamente parecido que dice: Vuelo de la British Airwais BA7525, que finalmente resulta ser el verídico. Y uno recuerda con tristeza como aquella emblemática IBERIA fue destruida por su propio personal. Recuerdo aquellos pilotos mejor pagados que ministros que cada verano hacían huelgas terribles para lograr nuevas subidas de sueldos. Y recuerdo cómo finalmente fue vendida a la British por unos empresarios a los que solo les importa el dinero y por un gobierno que en ese momento estaba distraído. Y ahora sospecho que la intención de la British va por el camino de borrar del mapa cualquier vestigio de Iberia.

Cuando llega el avión, con retraso ibérico por supuesto, podemos ver en su panza un enorme letrero: British Airwais. Subes con tristeza las escalerillas y te encuentras con una rubia mayorcita que te saluda alegre: ¡good morning, good morning! Y tu respondes con inquina, ¡¡Buenas…
Ni un tripulante español por ninguna parte. Pero lo mejor está por llegar. Cuando ya casi no se ven las nieves de nuestra sierra y las azafatas comienzan su tonta danza para enseñarte a soplar por no sé qué tubito, resulta que la locución está "only in english". Menos mal –piensas- que si nos caemos sobre los llanos de la Mancha no vas a necesitar soplar por ningún tubito. Pero, insisto, lo mejor está por llegar. Poco después resuena la voz del piloto que en un inglés un tanto macarra, me pareció a mí, te cuenta los detalles del vuelo ¡¡CHAUCHINA-LONDON!! Pero ¿cómo Chauchina-London? ¡Será hijo de la GB! ¡Y además pronuncia Chauchina con toda corrección, el tío! Habrá que explicar, por si me leyera alguien que no sea de Chauchina, que el aeropuerto de Granada está situado sobre el territorio de ese lindo pueblecito granadino. Y creo que ya casi no tengo que seguir con el relato porque, tal como usted sospecha, el piloto no llegó a pronunciar ninguna otra palabra en español. Ni las azafatas, a las que pides un cortado y te preguntan ¿coffee and milk? Y tu te tienes que morder la lengua para no contestar: No, mejor un "relaxing cup in café con leche". 


Así que los british no solamente han borrado del mapa el nombre de Iberia, y se han quedado con todos sus vuelos, sino también el nombre de Granada. Aparte de olvidarse del español y dejar sin empleo a nuestros millonarios y felices pilotos, azafatas...

Hundido en el asiento te esfuerzas por pensar en positivo, como está de moda. A lo mejor esta gente lo hace por nuestro bien, por aquello de la inmersión lingüística. ¿No vamos a Londres?, pues, coño, hablemos en inglés. Y nos asalta el tierno recuerdo de nuestro amado Artur Mas, por aquello de la inmersión y del patriotismo.


Admito que, como granadino y como español me he sentido humillado y triste. Hay que aceptar que España se vende y los españoles también. No existe entre nosotros el carácter de empresario ni el orgullo de nación. Aquí en cuanto que alguien ha conseguido levantar un chiringuito que da dinero lo vende al mejor postor; francés, inglés, chino, ¿qué más da? Ahora nuestro feliz "empresario" se podrá pasar el resto de su vida rascándose la barriga, guardando su dinerito en un calcetín y sin tener que volver a dar un palo al agua. Esa es la gloria del español, más que nos pese.

Pocos años después de lo que comentamos en este artículo sobre IBERIAS, en 2020, fuimos testigos perplejos de otro gran logro de los sindicatos y los trabajadores españoles. La multinacional del aluminio, ALCOA, con sus plantas de producción en Lugo, Avilés y La Coruña, tiene problemas económicos por el precio de la energía eléctrica, entre otros. En estas circunstancias, sufre una huelga de sus trabajadores quienes, al no lograr el aumento de sueldo la hacen indefinida y llegan a permitir que se enfríen las cubas electrolíticas. De 900 grados pasamos a 10, y más de 30 cubas quedaron solidificadas. Esto es irreparable. Cada cuba cuesta unos 250.000 €. La empresa cierra y cientos de trabajadores logran quedar parados para los restos. ¡Y es que nuestro olfato empresarial no tiene parangón! 

Manuel Reyes Camacho

29 de septiembre de 2013

Crisis de Autoridad

Sobre la crisis en la escuela y en la familia y sus posibles soluciones



Que la enseñanza está en crisis es algo que no necesita demostraciones ni tampoco que en España es muy aguda. Pero no es menos evidente que la familia también lo está y a nosotros no nos parece que ambas cosas hayan coincidido por azar. Pensamos que en el fondo de ambos pozos se encuentra la misma sustancia: una crisis de autoridad.

 Para explicar las causas de la crisis hay todo un arco iris de elucidaciones y disquisiciones. Las más comunes son de naturaleza política y, entre ellas, las más aceptadas se refieren al fracaso de la Social Democracia europea al querer subir el listón de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años y, el más pretencioso aún, de intentar impartir una enseñanza uniforme, universal, hasta esa edad, so pretexto de utilizar la escuela como herramienta para disminuir las desigualdades sociales mediante el procedimiento de hacer un reparto igualitario del “capital humano” (educación y formación). En la otra banda, los neoliberales y conservadores, los que hoy mandan, piensan que la solución a los problemas educativos radica en separar a los chavales desde la escuela, orientando hacia el bachillerato y la universidad a los más listos –que “casualmente” suelen ser los ricos-, y hacia la formación profesional a los más tontos –“fortuitamente” los pobres-. Por aquello de buscar la eficiencia y rentabilidad del dinero que se dedica a la enseñanza.

 Pero ¿qué relación guarda con esta problemática la crisis familiar? Aparentemente ninguna. Aquí se aducen razones de otro tipo: para unos, la pérdida de autoridad de unos padres en exceso complacientes; para otros, la pérdida de los valores cristianos en la familia, etc.

 El filósofo francés Alain Renaut, en su obra “La fin de l’autorité y la libèration des enfants” considera que ambas crisis tienen un origen común, y marca el inicio formal del mismo en la Declaración Universal de Derechos del Niño por la ONU en 1959. Pero insiste, claro está, en que se trata de un principio formal. La realidad es que cuando este principio se adopta y se proclama es porque en la sociedad se ha producido un cambio, se ha dejado de considerar al niño como poco menos que un objeto moldeable y educable mediante procedimientos autoritarios y pasa a considerársele como sujeto de derechos. Esto es un gran paso adelante porque acaba con el maltrato y la explotación infantil, pero también tiene un precio: una escuela y una familia que funciona sobre principios de igualdad y libertad, con derechos por ambas partes, es algo completamente novedoso. Son entes sociales nuevos, desconocidos hasta ahora, y cuyas reglas de funcionamiento habrá que descubrir.

 Entre las nuevas reglas de maniobra que se han ensayado cabe destacar las de los padres que deciden dejar de serlo para convertirse en amigos de sus hijos. En paralelo, a nivel de la escuela, la de los profesores que se bajan de su tarima para intentar pasar a formar parte de la pandilla de colegas de sus alumnos.

 El filósofo español Fernando Savater critica duramente estas absurdas soluciones y mantiene que el niño que en lugar de padres tiene “amigos mayorcitos”, ha perdido la ocasión de gozar de los imprescindibles beneficios que para él hubiera supuesto tener unos padres. Otro tanto afirma sobre los “beneficios” que ofrecen los “profes coleguillas” a sus alumnos, que ven así incrementado de forma falsa y artificial su pandilla con estos intrusos, pero han perdido el maravilloso beneficio de haber tenido unos profesores para su formación y educación.

 Es evidente que para que se establezca un flujo de agua entre un embalse y otro es imprescindible que entre ambos exista un desnivel. Del mismo modo para que se produzca el hecho educativo y formativo tiene que existir también un desnivel entre educadores y educandos; y tanto en el hogar como en la escuela. Los “padres amiguetes” y los “profes coleguillas” no son más que algunos de los fracasos más notables y estúpidos de entre los muchos que se han producido intentando resolver esta crisis de autoridad.

 En España los conservadores intentan ahora dar un golpe de timón importante sobre el sistema educativo –otro más-. Tristemente con la connivencia de buena parte de la izquierda, que está también convencida del fracaso de la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria). El abandono de los centros educativos por los niños en 3º y 4º y la disminución del nivel educativo con que estos alumnos ingresan en el Bachillerato y arrastran hasta la universidad, se encuentran entre los argumentos que unos y otros exhiben para convenir en su fracaso.

 Pero lo cierto es que la LOGSE ha sido el mejor sistema educativo que hemos tenido en toda la historia de este país. Lo que ocurre es que para limar las desigualdades sociales no basta con hacer obligatoria e igualitaria la enseñanza hasta los 16 años, ahora lo sabemos, es necesario además implementar un sistema interno que ayude a los alumnos procedentes de entornos menos favorecidos, especialmente en el dominio del lenguaje y en cultura general, sin descartar tampoco las necesarias ayudas económicas a estas familias para animarlas a mantener a sus hijos en la escuela cuando alcanzan la edad productiva laboral. Lo que nunca se hizo. Y no solo por falta de presupuesto, también por miopía del sistema político y educativo. También porque en esta país se da por supuesto que una vez puesta en marcha una ley educativa no hay que volver a tocarla, debe resistir hasta que la oposición venza en las urnas y la elimine. En lugar de establecer un sistema de seguimiento que vaya introduciendo cambios de forma continuada conforme se vayan detectando sus deficiencias. Y en lugar de mantener la estabilidad de las leyes educativas mediante el consenso político, y no inventar una nueva ley, diametralmente opuesta a la anterior, en cada cambio de gobierno.

 Los conservadores intentan recuperar la autoridad del profesorado volviendo al autoritarismo perdido, publicando leyes que conviertan al profesor en “autoridad” y al alumno díscolo en “delincuente”. Apoyando la enseñanza privada –religiosa- y apuntalando incluso la separación entre sexos en estas escuelas. La excusa para justificar este anacronismo es muy curiosa: en promedio, las niñas obtienen mejores notas que los niños; separándolos se obtendrían mejores rendimientos. Con esta falacia se intenta confundir a las mujeres induciéndolas a pesar que esto ocurre porque ellas son más listas. Mi dilatada vida profesional me ha enseñado que, por fortuna, la inteligencia, y también la estupidez, están muy equitativa y monótonamente repartidas entre la humanidad y entre los sexos. ¿Por qué este fenómeno deja de producirse en la universidad? ¿Las chicas se atontan al entrar en ella? Lo que ocurre en estas edades (escuela-instituto) es que las niñas son más disciplinadas y aplicadas que los niños y obedecen mejor los consejos y lecciones de sus profesores -siempre hablando en promedio-. Además maduran antes que los niños, lo que las hace más responsables de sus obligaciones. De ahí sus mejores resultados escolares. Sería lastimoso que las mujeres se dejen engañar y consientan en volver a enclaustrar a sus hijas en colegios monjiles que las eduquen como buenas madres y sumisas amas de casa, “como Dios manda”.

 Pero exponer y analizar un problema carece de valor si finalmente no aspiramos siquiera a un simulacro de oferta de soluciones. A mi modo de ver habría que actuar a tres niveles:

 1.- La democracia bien entendida es un tipo de sociedad y no ha de terminar en las escaleras del parlamento sino que debe penetrar en las escuelas y en los hogares. Hoy no basta con la sapiencia del profesor para que sus alumnos le escuchen, el alumnado espera que el profesor explique las razones de su programa educativo, porqué estos contenidos y no otros, qué beneficio obtendrá el alumno que le siga, para qué nos servirá lo que vamos a estudiar. El profesor debe convencer a sus alumnos con unos objetivos, derechos y deberes de ambos, claros desde el principio. Otro tanto podría decirse de los padres en el hogar, planteando un “programa” temporal de actividades en función de los intereses que los hijos van adquiriendo conforme cambia su edad. Objetivos a cumplir, derechos y obligaciones por ambas partes, discusión, negociación y acuerdos.

 2.- Recuperar el desnivel de autoridad necesario que permita el restablecimiento del flujo de información, educación y formación, sin que para ello haya que caer en la tentación de recurrir nuevamente al autoritarismo. El camino sería el indicado en el punto anterior: introducir la democracia auténtica en el hogar y la escuela.

 3.- Las instituciones tienen mucho que hacer en esta tarea de recuperar el nivel de autoridad adecuado para padres y profesores. Aunque la tarea fundamental es la de los propios implicados, seamos realistas, el estado puede ayudar mucho en ambas tareas. En cuanto a los profesores: elevando su prestigio social, haciendo una selección rigurosa de las personas más adecuadas para el desempeño de esta profesión, que no son solamente los que más saben, sino los que son capaces de transmitir el conocimiento en forma clara y atractiva y, esencialmente, seleccionando a los que más amen el trabajo con los alumnos. Esto implicaría cambios radicales en su formación universitaria y en las oposiciones. Podríamos hablar de muchas medidas útiles y necesarias pero no es mi intención entrar en detalles en este artículo sino solo mencionar lo que considero esencial.

En cuanto a los padres, he echado siempre de menos una mínima formación en este sentido. Ser padres en un mundo tan complejo, culto y tecnificado como el nuestro no es un conocimiento con el que se nace, no es algo que esté escrito en los genes, a nuestros genes no les ha dado tiempo a tomar nota de ello, hay que aprenderlo en la escuela. Y en este sentido yo me atrevería a recomendar que se instaurase una asignatura que podríamos llamar, “Escuela de Padres”, o algo así. Esta se impartiría en la universidad y en los últimos niveles de formación profesional, cuando los alumnos, por su edad, están próximos a necesitarla. Sería de contenido transversal y universal, igual para todos y en todas las especialidades. Se impartiría en un solo curso y el alumno podría elegir en qué curso hacerla, pero imprescindible para cualquier titulación universitaria o profesional. No se trata de una idea novedosa, ya hay muchas instituciones educativas, incluido el Ministerio de Educación, que tratan de cubrir esta necesidad a nivel de cursillos. Mi propuesta es formalizarla y generalizarla.

12 de junio de 2012

Epistemología del conocimiento científico

Teoría del conocimiento



No es fácil definir la ciencia ni el conocimiento científico actual. Resulta frecuente encontrarse con discusiones acaloradas sobre el tema, especialmente si en ella participan científicos y filósofos.

Incluso los llamados filósofos de la ciencia tienen opiniones radicalmente diferentes respecto de lo que es la ciencia, su objeto, su naturaleza y sus procedimientos. Entre ellos, si bien Thomas Kuhn hace aportaciones de reconocida solvencia e innegable acierto basadas en las ideas de Einstein, para mí, nadie como Mario Bunge ha explicado la naturaleza de la ciencia y el pensamiento científico.

A mi modo de ver no hay nada más clarificador para comprender el pensamiento científico, su evolución y sus peculiaridades, que partir de las raíces mismas del conocimiento, con Platón. Es el mejor modo de comprender cuál fue la primera visión sobre el conocimiento y cuál es la visión científica actual del mismo.

Con el fin de no divagar he expuesto ambas concepciones en forma completamente esquemática.


Mario Bunge



Teoría de la reminiscencia, o del recuerdo,

Anámnesis de Platón

La Academia de Platón

La fuente del conocimiento somos nosotros mismos. Las ideas están impresas en nuestra alma desde antes del nacimiento.

Pero con el trauma del nacimiento el alma las olvidó.

Para recuperar el conocimiento interior se necesita la experiencia personal. Las experiencias que vivimos evocan, nos ayudan a recordar, lo que ya sabemos (del mismo modo que la fragancia de un perfume nos recuerda a la amada...).

Una vez que se ha producido en nosotros el recuerdo, la experiencia sensible ya no juega ningún papel, la experiencia empieza a estorbarnos.

Para conocer realmente hay que completar y madurar los recuerdos profundizando en nuestras ideas innatas mediante la reflexión.

El objeto del conocimiento es el mundo y nosotros mismos, es alcanzar la noesis (la sabiduría).



Naturaleza del conocimiento científico

Albert Einstein

La ciencia es un conjunto de conocimientos, procedimientos y valores creados por la humanidad mediante el uso de una modalidad de pensamiento a la que se ha llamado método científico.

La fuente del conocimiento científico, el método científico, no es otra cosa que el pensamiento creativo, un modo de pensar, de investigar, que no se atiene a normas o recetas, pero que cuenta con un procedimiento de validación imprescindible: la experimentación y la observación. Cualquier hipótesis elaborada no será tenida en cuenta hasta tanto haya podido demostrar su concordancia con el mundo natural.

El objeto del conocimiento científico es el mundo real, la naturaleza, el cosmos. El científico aspira a comprender y describir la estructura y el funcionamiento del mundo, y de sí mismo, como parte integrante del universo.

La naturaleza del conocimiento científico puede tipificarse atendiendo a sus características esenciales:

Es falsable, y por tanto provisional, puesto que está siempre sujeto a discusión y cambio. Los contenidos de la ciencia se consideran meras aproximaciones sucesivas a la realidad que mejoran con el avance de la misma.

Se expresa en lenguaje matemático. Cuando en ciencia se describe un fenómeno se hace cualitativa y cuantitativamente, midiendo del modo más preciso que es posible en cada época, y expresando las relaciones entre las variables y constantes que rigen el fenómeno mediante ecuaciones, siempre que es posible.

Es acumulativo, estructurado y coherente. Los científicos van arrancando a la naturaleza sus secretos migaja a migaja, pero estas no siempre encajan entre sí. Los conocimientos logrados se van ordenando y encajando trabajosamente a lo largo del tiempo, intentando construir un único edificio lógico que sea capaz de explicar el mundo. Lo que aún está por lograr.

Es predictivo. Lo que no es más que una consecuencia del método. Si logramos describir eficazmente a la naturaleza podremos predecir el modo en que evolucionará cualquier sistema material, conocido su estado inicial.

Es universal. Las pequeñas o grandes verdades arrancadas trabajosamente a la Naturaleza ­­­‑sus leyes‑ se cumplen igualmente en todo el Universo ya que la Naturaleza es única. Así la mecánica de Newton explicó la causa de los movimientos en la Tierra, y también el mecanismo del Sistema Planetario Solar. Hoy, ampliado con la Relatividad de Einstein, se aplica al movimiento de las galaxias.

Pretende ser objetivo, y estar libre de todo prejuicio y paradigma imperante en la época. Aunque ésta sea la más difícil de las tareas a las que el científico, como persona, se ha de enfrentar. No obstante, la objetividad del conocimiento se va depurando con el tiempo.

Los procedimientos son de una variedad extraordinaria. Podría hablarse de dos grandes bloques de procedimientos, aunque no sean independientes: Los utilizados en la investigación y los empleados en tecnología.

En investigación, cada disciplina tiene su propia colección de métodos de trabajo que cambian con el tiempo. Con frecuencia nuevos grupos de investigadores (hoy el investigador aislado es una especie en extinción) desarrolla nuevos procedimientos. Así, la vieja receta de Francis Bacon hoy sólo debe considerarse como un procedimiento inicial seguido en su época.

En tecnología, los conocimientos adquiridos por la ciencia se utilizan, mediante procedimientos variadísimos, y con frecuencia geniales, para construir y fabricar toda suerte de aparatos, máquinas que trabajan por nosotros, ingenios que mejoran nuestra calidad de vida, productos químicos, como fármacos, abonos, plaguicidas, aceros, polímeros.  Aparatos de medida y observación como los microscopios o telescopios. Aparatos de comunicaciones como el teléfono, fijo o móvil, etc.

Los resultados. Nunca como ahora la vida y las costumbres de la humanidad se han visto afectadas de un modo tan profundo y tan rápido por el pensamiento humano como en esta etapa en que la ciencia y sus aplicaciones se han universalizado y la práctica totalidad de las culturas aspiran a adquirir y beneficiarse de los bienes que ha traído la tecnología: Explotación de fuentes de energía nuclear, solar, etc.; transportes terrestres, marítimos, aéreos; comunicación impresa, radio, televisión, satélites de comunicación, Internet; máquinas que nos ayudan en el trabajo intelectual, como los ordenadores; medicina.
Uno de los campos en que el conocimiento científico está aún muy atrasado es en neurociencias, esto es, en desvelar el secreto del funcionamiento de nuestro cerebro. Pese a ello ya sabemos lo suficiente para poder descartar muchas concepciones primitivas, como la Anámnesis platónica, o el dualismo cartesiano. La “maquina pensante” es el cerebro y esta función no se realiza hasta su pleno desarrollo biológico, y cesa con su muerte (*).

Los valores. El desarrollo de la ciencia ha generado una serie de valores que a veces han sido explicados y desarrollados por filósofos y pensadores y que, en mayor o menor medida, son compartidos por las sociedades modernas. Los más destacados pueden ser:

Racionalismo, objetivismo, aperturismo, universalismo, control y progreso.

El objetivismo no solo puede entenderse como el sistema filosófico desarrollado por la señora Ayn Rand, filósofa ruso-estadounidense, sino todo aquel conjunto de actuaciones y pensamiento basado en el acercamiento a la realidad objetiva y opuesto al relativismo en el que no hay una moral universal sino que las de cada cultura son equivalentes, no hay valores universales porque son todos arbitrarios; en el que nuestra capacidad de conocimiento de las cosas está determinada por el azar y las peculiaridades de nuestros sentidos y, por tanto, escapa a nuestro control y verificación.

Al hablar de aperturismo habría que considerar su doble vertiente:

– El carácter provisional de sus teorías siempre abiertas a revisión y cambio.
– La generosidad que implica la publicación sistemática de la totalidad de su conocimiento y de los procedimientos utilizados para adquirirlo, haciendo así dueña de los mismos a la humanidad entera.
Manuel Reyes

15 de enero de 2012

Alma-Mente-Cerebro

Cógito ergo sun


   Una de las grandes satisfacciones que produce el decidirse un día a ordenar viejos papeles es encontrarse con pequeñas obritas que uno escribió en su día y quedaron durmiendo el sueño de los justos. Lo malo es que a los comentarios de libros, como es el caso, les pasa como a las notas de prensa, que se pasan de fecha. No obstante pienso que en este caso, al tratarse el eterno tema Alma-Mente-Cerebro, se le puede exonerar de temporalidad. Hago referencia a un librito genial del neurofisiólogo español Antonio Damasio (*) titulado "El Error de Descartes" (**).

En este libro, Damasio explica epistemológicamente cómo la idea de dualidad entre Mente y Cerebro nace en el siglo XVII con el, para mí, y deduzco que también para Damasio, infortunado Descartes. Su famoso "Cógito ergo sun" no es solo un lamentable error conceptual, es la causa de que se haya desviado la investigación, se haya reafirmado la absurda idea de Platón sobre el alma y haya desviado la orientación organísmica que ya diera Hipócrates para la medicina, que imperó hasta el Renacimiento, y que finalmente derribó Descartes. Por su culpa aún hoy algunos psicólogos intentan comprender al hombre desde la mente inmaterial, sin tener en cuenta de dónde y cómo surge el pensamiento: en las neuronas del cerebro. Por su culpa, en medicina, todavía algunos consideran que una enfermedad psíquica o psicológica no es una enfermedad "real" sino del alma, o de la mente.

Descartes llegó a pensar que su famosa frase: pienso luego existo, (que en realidad no era muy original puesto que venía del "fallor ergo sum" -soy engañado, luego existo-, de san Agustín), constituía el primer principio de su filosofía. Y esto porque ello suponía que él era "una sustancia cuya misma esencia o naturaleza es pensar y que para su existencia no hay necesidad de ningún lugar, ni depende de ninguna cosa material; de manera que este "yo", es decir, el alma por la que soy lo que soy, es completamente distinta del cuerpo,... e incluso si no existiera el cuerpo, el alma no cesaría de ser lo que es"

Es curioso, y a mí me gusta insistir en ello, que la idea del alma (Platón) y la separación del alma y el cuerpo, la dualidad (Descartes), no vienen de nuestros libros sagrados, ni de los mensajes de los "conectados con la divinidad", sino de nuestros filósofos. De hecho los judíos no creían en ningún alma, sino en la resurrección de los cuerpos, de ahí el conflicto con la resurrección de Cristo que no hubiera sido válida sin la desaparición del cuerpo. Claro que, posteriormente, los teólogos se ocuparon de incorporar el alma y la dualidad a las creencias cristianas. Sin darse cuenta, posiblemente, de que admitida la dualidad cuerpo-alma, Cristo podría haber ascendido a los Cielos sin que su cuerpo hubiera desaparecido de la Tierra.

Damasio argumenta científicamente a lo largo de su libro cómo no hay pensamiento sin cerebro, cómo es la actividad cerebral la que genera las imágenes, las ideas, el pensamiento. Pero si él ha necesitado para ello un libro de 300 páginas, al que os remito, espero que no esperéis que yo lo haga en unos párrafos. Me limitaré a transcribir algunas de sus conclusiones.

Hablando de la evolución de los seres vivos dice:

"Así pues, para nosotros, en el principio fue el ser, y solo más tarde fue el pensar. Y para nosotros ahora, a medida que llegamos al mundo y nos desarrollamos, seguimos empezando con el ser, y solo más tarde pensamos. Somos y después pensamos en la medida en que somos, puesto que el pensamiento está en la realidad causado por las estructuras y las operaciones del ser."

"... la mente completamente integrada en el cuerpo que yo concibo no renuncia a sus niveles de operación más refinados, los que constituyen su alma y su espíritu. Desde mi perspectiva, es solo que el alma y el espíritu, con toda su dignidad y escala humanas, son ahora estados complejos y únicos de un organismo."


(*) Antonio Damasio es profesor de neurociencia, neurología y psicología de la universidad de Southern California, dondde dirige el Instituto del Cerebro y la Creatividad. Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica (2005).
(**) EL ERROR DE DESCARTES
Autor: Antonio Damasio
Editorial: Crítica. Drakontos bolsillo (2006)
ISBN: 84-8432-787-6
Traducido a más de 30 idiomas. Otros comentarios sobre el libro: http://www.carloscapote.com/critica/elerrordedescartes/  

1 de julio de 2011

No es lo nuclear, es la estupidez humana

Solo conocemos dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana.
De la primera, no estamos seguros.
Albert Einstein



Hablar de energía nuclear se ha convertido en un tabú, es como si en la Edad Media se hablara del diablo. Y han sido los ecologistas los que se han encargado de domonizar el tema. Aunque no pretendo con esta imputación criticar la buena labor de quienes, en el último cuarto del siglo XX, despertaron la conciencia social para conservar los equilibrios naturales. Pero sí denunciar que no todos los mensajes procedentes de esos variopintos grupos, con frecuencia incultos y malinformados, son acertados. Aportaré dos evidencias.

En primer lugar hay que explicar que la radiación nuclear, las reacciones nucleares, son tan “naturales” como el sol de una tibia mañana de primavera. Los ecologistas han generado la idea de que se trata de entes satánicos creados y manipulados por científicos inicuos. Muy al contrario, en la Naturaleza todo es radioactivo. El Sol, como las demás estrellas, es una inmensa bola de hidrógeno en un proceso de fusión nuclear permanente. Por decirlo en Román paladino, es una “bomba” de hidrógeno explotando desde hace 5000 millones de años y que tiene reservas de combustible para otros tantos. Todo ser vivo que pulule en sus alrededores (en todo el sistema solar) morirá por efecto de su radiación letal. Entonces, ¿Cómo es posible que para nosotros sea la fuente de la vida? ¡El Dios Sol! ¡Ra!

La atmósfera terrestre es una maravillosa burbuja de gases que detiene las partículas mortíferas que nos llegan del Sol provocando reacciones nucleares y transformando finalmente su tremenda energía en delicioso calorcito. Claro que no todo es tan idílico, cuando los núcleos de los abundantes átomos de nitrógeno son alcanzados por la constante lluvia de neutrones que origina la radiación solar, se convierten en Carbono-14, un isótopo radioactivo. Este C-14 se mezcla con el inofensivo C-12 y forman el CO2 que es asimilado por las plantas, quienes, de este modo, resultan radioactivas. Todos los humanos que comemos plantas y otros animalitos, que a su vez comen plantas, somos igualmente radioactivos, porque nos pasamos ese C-14 de unos a otros en los azúcares, proteínas, grasas... Los ecologistas, aunque a usted le cueste creerlo, son radioactivos; y no lo digo con ánimo de ofender. Y todo esto sin entrar en que la tierra que forma nuestro planeta es radioactiva porque toda ella contiene isótopos radioactivos de los más variados elementos químicos. Podemos concluir que la radioactividad es tan natural como el aroma de las rosas, aunque mucho más universal.

En segundo lugar, este fenómeno natural de la radioactividad, que fue un gran misterio para Madame Curie y otros de su época, no lo es ya para los científicos de hoy. Gracias al esfuerzo (y la propia vida) de los pioneros y sus sucesores, hoy sabemos mucho sobre las reacciones nucleares. No todo, pero al menos lo suficiente para haber logrado con ellas, desde armas terribles hasta la producción de la imprescindible energía eléctrica, pasando por toda clase de usos técnicos y clínicos de diagnóstico e incluso de cura. Sabemos cómo funciona y cómo puede tratarse para sus diversos usos sin que haya peligro en su manipulación. ¿Cómo se explica entonces que ocurran estas catástrofes nucleares que ponen en riesgo a millones de personas? Pues, aunque cueste creerlo, resulta lamentablemente simple; en la construcción, manipulación y emplazamiento de las centrales interviene un novedoso, aunque sempiterno, factor que hasta ahora no ha sido estudiado por la ciencia: la estupidez humana.

Habría que comenzar confesando que los primeros reactores no tuvieron otro objetivo que fabricar plutonio para construir un buen parque de bombas atómicas. Pero cuando el arsenal de Rusia, y de USA, fue suficiente para reventar el planeta cada uno por separado, los políticos comenzaron a caer en la cuenta de que posiblemente no fuera necesario seguir construyendo más bombas, ya que por muy malvado que fuese el enemigo nunca sería necesario, ni conveniente, usarlas todas. Así que se fue cambiando el objetivo de los reactores hacia la producción de energía eléctrica (lo que no implica que puedan dejar de seguir fabricando plutonio, que se almacena por miles de toneladas en bellas piscinas dentro de los mismos recintos del reactor). Es de justicia decir que, salvo los primeros reactores experimentales, todos aprovecharon la inmensa energía producida para generar energía eléctrica, al tiempo que así se disimulaba ante la población la verdadera finalidad del reactor. Hoy ya solamente los países emergentes como China, India, Pakistán, Corea del Norte e Irán (en tentativa de conato), están fabricando plutonio y construyendo bombas. Israel es un caso aparte porque seguramente tiene, tan solo entre 200 y 500, pero es que se las han “prestado” sus amigos.

Otra evidencia de estupidez podemos encontrarla en la forma de construir, utilizar y emplazar los reactores. Por no alargarme solo comentaré los dos últimos accidentes más terribles.

El equipo que gobernaba el reactor de Chernóbil, un viejo reactor que no alcanzaba ni tan siquiera las condiciones de seguridad de su época, el 26 de Abril de 1986 tomó la decisión de experimentar sobre cuánto tiempo la turbina seguiría generando energía eléctrica después de cortar la corriente eléctrica al reactor principal. Como los mecanismos de seguridad no permitían semejante dislate, el equipo desconectó todos los sistemas de alarma y seguridad, incluyendo la refrigeración automática del núcleo y el ordenador principal. Ralentizaron la reacción en cadena del reactor. Pero la reacción bajó demasiado y para evitar que se apagase subieron manualmente algunas varillas de control. Pero se equivocaron y en lugar de dejar 30 abajo, que era el mínimo, dejaron solo 8. Como los sistemas de alarma estaban desconectados tardaron cuatro horas y media en darse cuenta de que algo no andaba bien. Fue entonces cuando intentaron dejar caer el resto de las varillas por gravedad con intención de detener la reacción, pero no cayeron porque el núcleo estaba ya tan caliente que se había deformado. Poco después el agua de refrigeración se descompuso formando una nube de hidrógeno que explotó pulverizando el edificio del reactor. El núcleo se calentó hasta fundirse y la tragedia posterior ya la conocemos todos. Habría que añadir, como epitafio, que el conocimiento que se buscaba con el experimento ni sirvió, ni sirve, absolutamente para nada.

     La central nuclear de Fukushima está situada en la playa y dispone de 6 reactores nucleares. El día 11 de Marzo pasado un tsunami destruyó los sistemas de refrigeración de 2 reactores y los generadores eléctricos de emergencia de 4. El corte de energía eléctrica impidió el funcionamiento normal de los sistemas automáticos de seguridad y control. La falta de refrigeración ocasionó la fusión de los núcleos de al menos los reactores 1, 2 y 3. La explosiones de hidrógeno subsiguientes han destruido los edificios de contención de los reactores. Gases y aguas radioactivas escapan por todas partes. El descenso de agua en las piscinas está provocando el sobrecalentamiento de los restos uranio-plutonio de las descargas anteriores. La catástrofe sigue sin estar controlada ni se conoce con precisión su alcance. Pero seguramente el lector se estará preguntando, ¿y qué tiene de estúpido un tsunami? Yo le invito a examinar el mapa que adjunto al final de este escrito donde se aprecia que las 20 centrales nucleares japonesas están construidas en las costas. ¿Si usted viviera en un país que tuvo que inventar la palabra tsunami para explicar al mundo lo que a ellos les sucede periódicamente, ¿se le ocurriría situar 54 reactores nucleares en las playas?

Para concluir me gustaría decir que las centrales nucleares, especialmente las modernas, son tan seguras como cualquier otra obra humana de alta tecnología y su utilización debería medirse de acuerdo a nuestras necesidades energéticas, no por los errores cometidos hasta ahora; eso si, exigiendo que sus sistemas de seguridad estén avalados por entidades técnico-científicas ajenas a las empresas de construcción y explotación.





Si se quiere conocer la política energética europea recomiendo este artículo del parlamentario Sosa Wagner: http://guindasenaguardiente.blogspot.com/2011/07/debate-sobre-energia-en-europa.html


25 de noviembre de 2010

¿La música pesa?






Hay preguntas que producen perplejidad a cualquiera; bueno, a cualquiera que no sea un “profe”, por que nosotros estamos acostumbrados a este tipo de cosas. Digamos que forman parte de los gajes del oficio. Lo que resulta original es que sea un profe jubilado el blanco de las preguntas, como es mi caso. Y es que con el invento del Internet los profes podemos seguir ejerciendo el oficio, incluso cuando hemos dejado de pisar las aulas; lo que resulta maravilloso para los que hemos considerado a nuestros alumnos como la sal de la vida y ahora, por aquello de la tensión, no gozamos de la sal ni en el puchero.



Pues sí, un venturoso día, al leer mi correo, mi e-mail, ¡ojo!, me encontré con un gratísimo regalo; un antiguo alumno me preguntaba:


Profe, tengo una duda existencial: Cuando lleno mi MP3 de música… ¿pesa más que cuando estaba vacío?


Ni que decir tiene que me quedé pasmado del entusiasmo o quizá entusiasmado con el embeleso que me produjo la preguntita. Ni tampoco que comencé en seguida con mi proceso automático de traducción: quizá haya querido preguntarme ¿La información pesa? Claro que, bien pensado, seguramente el chico no estará picando tan alto. Dudo mucho que sepa que hoy la información se considera como entropía, ya que, según la teoría de la información de Shannon, la entropía es la medida de la incertidumbre y la información reduce la incertidumbre y por tanto la entropía; y que, en este sentido, puede asemejarse con la energía (ya que la entropía se mide en unidades de energía/temperatura, Julios/Kelvin) y puesto que la masa de un sistema material no es mas que la cantidad total de energía que contiene m = E/c2 (según la relatividad, E = mc2) si ahora sabemos que la información es energía, entonces la información tiene masa, pesa.


Pero no debemos confundir aquello de lo que a mí me gustaría hablar con aquello que me están preguntando realmente. El chaval me habla de su MP3 y no de “la información”, así, en abstracto. Por consiguiente me está preguntando sobre el proceso de memorizar información y, concretamente, sobre el funcionamiento de la memoria “flash” de que está dotado su diabólico aparatito musical.


En efecto, hoy la práctica totalidad de los aparatitos de almacenamiento de información, de las “memorias” de que están dotados los grabadores-reproductores musicales, como los llamados MP3, los lápices de memoria o pendrives, las tarjetas de memoria de las cámaras fotográficas, etc., están dotados de este tipo de memorias flash. Estas memorias tienen enormes ventajas sobre todos los demás ingenios de almacenamiento que había hasta ahora: son diminutas, de muy escaso peso, no tienen partes móviles y se encapsulan de forma que son casi, casi, insensibles a los golpes y al agua, incluso funcionan dentro de un rango de temperaturas muy amplio. Y por si les faltara algo, son baratas, ¿hay quien dé más?

Una memoria flash es en esencia una enorme red de miles de millones de transistores microscópicos capaces de almacenar cargas eléctricas (electrones). Podemos hacernos un modelo mental muy sencillo si imaginamos una cuadrícula como un tablero de ajedrez (Fig. 1) con millones de casillas que pueden contener fichas, o no tenerlas. La que contiene una ficha podemos considerarla, bajo un punto de vista lógico, como un uno y las que están vacías como ceros. Así, traduciendo cualquier información a ceros y unos, mediante un código adecuado, podemos grabar en él cualquier información. Si usamos el código de compresión de audio denominado MP3 (de Moving Picture Experts Group, MPEG) lograríamos almacenar música. Así, en una matriz como la Fig. 1, podrían estar grabadas las primeras notas musicales de una melodía. Creo que conviene explicar que, aunque el nombre de “MP3” se refiere al código de encriptación, resultó tan exitoso que se generalizó para denominar a los grabadores-reproductores que lo utilizan.


No obstante, para acercarnos a la respuesta que buscamos será necesario que construyamos en nuestra mente un modelo ligeramente más complejo, porque los electrones son unos individuos muy nerviosos y no se comportan en absoluto como las fichas, que una vez colocadas en una casilla se quedan allí, obedientes, todo el tiempo que se les pida. Los electrones no se pueden encasillar, se mueven constantemente con rapidez inimaginable hasta el punto que pueden saltar de los átomos que los tienen atrapados, visitar otros átomos alejados y volver, mil millones de veces mientras yo os lo cuento. Para confinarlos en un lugar es necesario atraparlos con poderosos campos eléctricos.


Un modelo más aproximado seria imaginar que cada casilla de nuestro anterior tablero es en realidad una cajita completamente cerrada, como una caja de zapatos minúscula con su tapa. Cada cajita puede contener, o no, una bola, que en la realidad sería un electrón encarcelado. Cuando las memorias flash vienen del fabricante todas las cajitas tienen su bola, esto es, la memoria está completamente llena de electrones y, por tanto, no contiene información, está toda ella escrita con unos, así: 11111111… Para guardar en ella alguna información solo tenemos que sacar las bolitas de las cajas que se encuentran en el lugar de los ceros. Así, para guardar la letra “M” en esta memoria habría que eliminar cuatro bolas y escribir: 01011001 (si usamos el código ASCII de 8 bits). Para “borrar” la información bastaría volver a llenar todas las cajas de bolas.


Con esto la respuesta a la preguntita está resuelta. La memoria flash viene llena de electrones, pera grabar la música hay que eliminar electrones, por tanto la memoria “llena” de información musical pesa menos que cuando estaba “virgen”.


Este resultado puede comprobarse experimentalmente de forma muy sencilla, como manda la santa madre ciencia: Compre una memoria nueva y pésela en una balanza. Cárguela con música, fotos, textos o lo que se le ocurra, y pésela de nuevo. Si pesa menos, tengo razón, en caso contrario les habré tomado el pelo.


Eso sí, no les recomiendo que usen la balanza del cuarto de baño. Porque, ¿cómo cuánto menos pesaría el MP3 “lleno” de música? Tomemos como referencia una memoria de 1 GB (1 Giga Byte), esto es, que puede almacenar unos mil millones de palabras informáticas o Bytes (1 Byte está formado por 8 bits). Aunque hoy no lo parezca, 1 GB es una cantidad nada despreciable de memoria, téngase en cuenta que en 1 MB (1 Mega Byte) puede almacenarse una novela y en 1 GB se podría almacenar el contenido de una furgoneta cargada con mil novelas. 1 GB contiene 8·109 bits, o electrones, si hablamos de su contenido físico real. Como un electrón tiene una masa de 1,783·10-30 Kg, suponiendo que al grabar la memoria se eliminan aproximadamente la mitad de sus electrones, tendríamos que, 4·109 electrones · 1,783·10-30 kg/electrón = 7,132·10-21 Kg o lo que es lo mismo 7,783·10-15 mg, es decir, pesaría aproximadamente unos 0,000 000 000 000 008 miligramos menos. Por decirlo en román paladino, una memoria grabada pesaría unas 8 milésimas de una billonésima de miligramo menos que “vacía”. Por esto les recomendaba no utilizar la balanza del baño que tiene un error de ± 200 gramos. Tampoco les recomiendo tocar el aparatito con los dedos durante el experimento porque la grasa que estos dejarían sobre él pesaría miles de millones de veces más que aquello que queremos medir, y es que las moléculas de grasa son inmensas y pesadísimas.


¿Pero no decíamos que la información, como energía que es, pesa, tiene masa? Entonces al añadirle información a cualquier cacharrito, independientemente de su forma de funcionamiento, aumentaríamos su masa, ¿no? En efecto, esto es tan cierto como lo explicado, solo que el incremento de masa correspondiente a 1 GB de información no llegaría a la cien millonésima parte de la masa de un solo electrón, así que, aunque a fuer de rigor científico nos empeñásemos en tenerla en cuenta, ni se notaría el incremento.





Fig. 2 Memoria Flash
1.- Conector USB

2.- Microprocesador

3.- Puntos de prueba

4.- Memoria flash

5.- Reloj de cristal

6.- Lamparita LED

7.- Interruptor de seguridad

8.- Espacio para otra memoria

Un dispositivo MP3 tiene una estructura muy poco más complicada que esta.