30 de octubre de 2007

Las caras de Dios



Yo creo en la existencia de Dios como una idea del hombre, como una creación necesaria para mitigar la angustia de la consciencia de la muerte, para llenar el negro vacío de dejar de ser. Necesaria también para adornar de trascendencia nuestro paso por este extraño mundo.

Por estas razones, el hombre optó por crear a Dios a su imagen y semejanza.

Pero esta existencia que postulamos, no es más real que el punto, la recta o el plano de la geometría de Euclides. Es una creación más dentro del desarrollo evolutivo del pensamiento humano.

En otras discusiones hemos comentado la importancia que pudo tener para el hombre primitivo la creación de los primeros mitos, como consecuencia de la adquisición de su consciencia, de su saber que sabe. En esta ocasión voy a centrar la reflexión sobre las distintas imágenes que el hombre ha otorgado a su gran creación, Dios, en función de su propia cultura.

La historia nos muestra como todos los pueblos indoeuropeos crearon religiones con connotaciones similares:
        Veían al mundo como una lucha entre el orden y el caos, entre el bien y el mal.
        El hombre tiene un cuerpo mortal y un alma inmortal.
        La historia se repite en grandes ciclos, de ahí la reencarnación de las almas.
        Representa a sus dioses mediante imágenes y esculturas, predomina lo visual.
        Son panteístas. Para lograr la unión con Dios, con el Cosmos, es necesaria la autocontemplación, la meditación.

En cambio los semitas, que dan origen a tres grandes religiones: judaísmo, cristianismo e islamismo, son monoteístas:
        La historia, para ellos, es lineal, con un principio –en la Creación– y un fin –en el Juicio Final–. Una historia en la que interviene la mano de Dios (es esta mano quien  guía a los judíos hasta la Tierra Prometida).
        Parece como si en ellos predominara el oído: la vida religiosa se basa en escuchar la palabra de Dios, la predicación, la oración. La palabra es la clave, no la imagen (en el comienzo era el Verbo...). Por eso está prohibido representar la divinidad en imágenes, Dios no tiene faz.
        Para los judíos no existe el alma como algo independiente del cuerpo: Dios, en el último día, vendrá a resucitar a los muertos (por esto es importante conservar los cadáveres)1

 Pero por muy importantes que estas caracterizaciones de los dioses puedan resultar, prefiero tomar un ejemplo más reciente y conocido por nosotros: la evolución de la imagen de Dios desde los judíos a los cristianos.



El Dios de los judíos es, además de lo dicho, un dios que protege a su pueblo y trata con desprecio, cuando no salvajemente, a los demás. No hay más que recordar el pasaje bíblico (que aún se lee en las misas) en que envía a sus ángeles para matar a los hijos primogénitos de las familias egipcias. ¿Se puede concebir un acto peor de barbarie terrorista? ¿Y mayor cinismo que imputárselo a Dios?

Cristo introduce un cambio drástico en esta imagen terrible y la transforma en un padre generoso, comprensivo, justo, de infinita paciencia, amante de sus hijos hasta el punto de enviar a su hijo verdadero para redimir a los hombres de sus pecados, ya que estos no pueden hacerlo por sí mismos. Una imagen que nunca fue aceptada por el pueblo judío, pero que, gracias a la predicación de Pablo, acabó extendiéndose por todo el Mediterráneo y toda Europa.

San Agustín, un neoplatónico, 400 años más tarde vuelve a cambiar la imagen de Dios introduciendo en el cristianismo la nueva cultura filosófica: haciendo a Platón cristiano:
        Toda la existencia tiene naturaleza divina
        El mal no existe, es la ausencia de Dios (Plotino) y se debe a la desobediencia de los hombres (idea judía).
        El hombre tiene un cuerpo material, pero también tiene un alma (Platón) que puede reconocer a Dios.

Podríamos decir, si no temiésemos la hoguera, que los cristianos tienen alma desde San Agustín, antes no existía (Cristo, resucita en cuerpo glorioso, tras haber muerto).

Hacia el 1200 la imagen del Dios cristiano habría de sufrir otro cambio de gran significado de la mano de Sto. Tomás de Aquino que hizo con Aristóteles lo que Agustín hiciera con Platón: cristianizarlo.

Intentó que la fe no fuese incompatible con el saber, como lo había sido hasta entonces, y como, me temo que por desgracia, lo sigue siendo hoy de facto. Según Tomás de Aquino podremos alcanzar las mismas verdades que nos cuenta la Biblia mediante la razón. Hay pues dos caminos para llegar a Dios, la razón y la fe. O dicho de otro modo: cuando alcanzamos una verdad mediante la razón, esta no puede contradecir la doctrina cristiana. Es evidente que Tomás era un hombre optimista.

Hay, para Tomás, una escala evolutiva natural que empieza en las plantas, sigue en los animales, el hombre, los ángeles y Dios. Ya los ángeles, al no tener cuerpo, tienen una inteligencia inmediata, sin inercia como la nuestra. Dios, además de esto es eterno y, al no estar ligado a la materia, para Él no existe el tiempo, así que tiene una visión total del Cosmos, sin antes ni después.

¡Qué lejos quedan ya los ángeles exterminadores...!

Y finalmente pregunto: ¿es necesario seguir la historia hasta nuestros días para darse cuenta de que no es la palabra de Dios la que guía al hombre, sino los hechos y las necesidades humanas las que configuran la imagen de Dios? ¿O, por decir de otro modo, para reconocer la etiqueta que lleva Dios en la manga?:
                                                  Made in Homo 


[1]Jostein Gaarder, el joven filósofo noruego, en su libro El Mundo de Sofía, explica en forma magistral estas diferencias que yo mal-resumo

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